lunes, 2 de febrero de 2015

COMO LAS HACHES EN LAS CONVERSACIONES




Contestando a tu pregunta,
me arrepiento de todo lo que volvería a hacer.
Habrás tenido, sin duda,
esa sensación de frío que deja el miedo,
como el ruido de un frenazo
o el sonido de un teléfono rasgando la madrugada.
Así me siento ahora,
como un pájaro con vértigo
en la rama de la duda,
sin saber si mañana, en el colchón,
una sábana recién lavada arropará tu ausencia.
Aun así prefiero preguntarme por qué no tengo respuestas
a por qué no tuve preguntas.
A veces el mundo gira
en un pasodoble infame, y la verdad,
vuelta y vuelta
se atora en la garganta.
Tal vez no te estaría diciendo todas estas cosas
aquí, asomado a la ventana de este hotel
con la mentira de fondo y tus uñas arañándome la espalda,
si la botella de vino no estuviera vacía,
y tal vez te lo diría mejor
si la luna no se hubiera mudado a otro poeta.
Pero somos un ahora repetido,
mañana es un adverbio que improvisa.
Y ya que me preguntas te diré
que lloro más por viejo que por sabio,
que la playa que hay debajo del asfalto
está llena de colillas y sin huellas,
que somos dos cuencas vacías
con los ojos prestados.
He aprendido bien a no esperar nada.
Así viniste a mí, como casi todo lo bueno,
cuando nada buscaba.
Acércate, si te asomas también podrás verlo.
En las esquinas donde mueren
siete veces los gatos
el hombre calienta a mechero su cuchara
y se pica el odio en vena.
No dejaremos nada.
No quiero que dejemos nada,
quiero tu piel con amnesia,
que sienta como nuevas las caricias
del alzhéimer de mis manos
mientras un reloj sin horas
se ahorca en la pared.
Yo quiero un ahora que no acabe
antes de que el óxido de los días
nos llene de herrumbre los ojos
y escupamos las lágrimas
delgadas y ocres
que nos tiznen las mejillas de pasado.
Qué más quieres que te diga.
La vida es un trivial gigante
y escasea el queso.
Dios y el diablo se hacen un selfie,
tras ellos está todo lo demás,
por planos,
apretado,
desenfocado.
Miseria pixelada.
Hay males que duran cien años,
no creas.
Yo también tuve un pasado ingenuo,
como todos los pasados,
y unas botas de agua y una infancia
donde la tiza nevaba
sobre los nombres de las cordilleras
en una pizarra verde
que llevaba escrita la palabra esperanza.
A mi modo de ver hay dos opciones:
dejarse ganar o dejarse perder.
Pero hay que vivir la mentira,
hasta el tuétano,
lamerse el sudor,
zurcirse el alma,
creer
por ejemplo,
que mañana hará bueno,
que el tren llega en hora
o que encontrarás
una metáfora que pagará el recibo de la luz.

¿Arrepentirme?
La vida es algo que no entiendo,
un inventario de carencias,
y pasamos por ella
como las haches en las conversaciones.
Pero vienes con tus labios
a hilvanar las orillas de mi herida
y no necesito nada que no tenga
a dos metros cuadrados de tu ombligo.

5 comentarios:

Fina Tizón dijo...

Una carta convertida en poema. Todo un requiebro desde la contricción a un gran amor que bien puede ser la propia vida o la amante que dejó huella indeleble, pero sea cual sea el destinatario cada verso tiene la belleza que sus excelentes metáforas e imágenes le imprimen. Precioso, Ismael
Un abrazo
Fina

Rosa B.G dijo...

Hevenido a conocer tu blog y me llevo esta grata sorpresa:un poema lleno de metáforas encendidas, de esas que traspasan los significados.
Felicitaciones!!!
Muchas gracias por seguir mi blog.Espero vengas de vez en cuando a leerme.
Saludos!!
Rosa

Alex Palahniuk dijo...

Fabuloso: ahí radica el éxito de la felicidad; en no esperar nada de los demás. Como Diógenes en su barril. Un abrazo y excelente bitácora; le dejo la mía, por si le interesa.

http://www.ourgodsaredead.blogspot.com.es/

Micaela dijo...

Apasionante y auténtico. Un bello poema que destila grandes dosis de belleza y verdad. Un abrazo.

Loli Salvador dijo...

Un poema genial, me han gustado mucho tus palabras tan certeras como realistas, por eso de vez en cuando, hay que tener conciencia de gratitud y para eso se necesita detenerse un momento.
Te admiro, amigo poeta. Todo eso que dices es la vida.
Un abrazo desde Zaragoza